La primera ola siempre es fría

mar botella

 

La primera ola siempre es fría
por eso resisto
sólo unos pasos más
y me sumerjo entero
en el mar nervioso de algas
de corrientes amarronadas
de peces que mueren en el pavimento
saco mi cabeza del agua
me entrego al horizonte
los buques de pesca levitan
mientras mi piel arde en rojo
y un leve gusto a sal en los labios
me recuerda a la última vez
que hablamos por teléfono
cuando dijiste que estaba muerto
junto a todo lo que preferimos callar
como las dedicatorias en los libros
como las promesas en los desayunos
y las canciones de domingo
ahora que estoy lejos de la arena
arremolinada por el incesante viento
y el agua me llega hasta el cuello
entiendo que vivo.

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Vuelvo en tren desde el mar

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Vuelvo en tren desde el mar
y observo sentado junto a la ventana
cómo se suceden los postes de luz
unidos por delgadas líneas negras
que sostienen un horizonte que reverdece
y se proyecta en un espacio infinito
habitado por solitarias vacas
que descansan bajo el sol de la tarde
mientras el día se evapora
como los charcos improvisados
que deja la lluvia de verano
el viento hace girar las astas del molino
que en un instante va a desaparecer
entonces hundo mis dedos
en el asiento acolchonado
porque todo lo que vendrá
se convertirá en tierra húmeda
y yo que me escape muerto de la ciudad
para resucitar en la sal del mar
sólo encontré botellas de plástico
sin mensajes ni destinatarios
sobre la arena caliente
y ahora no tengo ninguna certeza
ni ninguna buena nueva
guardada en mi bolso
sólo este cuerpo que observa
por la ventana del tren
cómo van quedando atrás
los postes de luz.

 

Cuando está oscuro

Luna-Llena

Cuando está oscuro

el lobo acecha

por eso me escondo

donde no se filtran

los destellos lunares.

Lo escucho aullar

directo a mi pecho

que se contrae

como un universo

sin planetas ni estrellas.

Siento el tibio jadeo

acercarse a mi cara.

No puedo abrir los ojos.

Espero acurrucado

bajo las sabanas

contando ovejas

el comienzo

de un nuevo día.

José

 

Hay olor a claveles en la sala de velatorio
donde está mi tío con los ojos y la boca cerrada.
Lo miro, pero no lo toco.
Es que no resisto el frío
de su cuerpo quieto.

 

Estoy convencido,
no existe el alma
aunque no puedo dejar de pensar
que ahora falta un destello
eso que lo hacía a José, José
o sea sólo cargar la muerte
en sus facciones.
Pero no hay dudas
es su cuerpo.

 

Seguimos al coche fúnebre.
¿dónde se comprarán esos autos?
Fumo un cigarrillo.
Mi hermano duerme
con la cabeza apoyada
en la ventanilla.
Escucho su respiración,
veo gotas en su frente.

 

En Chacarita el cura repite un sermón
que debe haber dicho cien veces ese mismo día,
ahora José está con la luz infinita
cuando tuve sed, él me dio de beber
cuando tuve hambre, él me dio de comer.
Agarro la mano de mi hermano
le pido que haga la promesa
que no haya ningún cura cuando muera.

 

Vamos hasta los nichos,
juro que ahí abajo
no puedo mover los pies
¿cómo despierto de este sueño?
Abrazo a papá, dejamos fresias en la puerta.
El chirrido de los tornillos retumba en la galería.

 

Me llevo en el bolsillo de la campera
una tarjeta con la imagen de Jesús
donde está el lugar, la hora, el día
y una oración que reza
muero, pero mi amor no muere.

Nudo marinero

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Ahora que vuelve el frío

y los árboles grises o marrones

dejaron escapar todas sus hojas

me acompaña a cada paso

la inseparable sombra

de ser un error o un acierto

en este mundo que hace tiempo

intenté ordenar y comprender 

sin conseguirlo nunca.

Puedo pasar por la verdulería

que está a la vuelta de mi casa

sorprenderme con los colores

de los frutos de estación 

ver en cada uno una huella

de algo que me excede por completo

o hacer foco en las colillas de cigarrillos

que se estrellan como barcos abandonados

en la boca de tormenta al final de la calle.

Puedo ver esto o lo otro pero no todo junto

porque soy como la veleta en la terraza

que cambia de dirección según el viento

de esa casa con ladrillos a la vista

cubiertas por magnolias.

Llego hasta la puerta gris de mi departamento

antes que pueda poner las llaves 

mi vecino abre, lo miro a los ojos

nos damos un saludo helado y sigo.

¿pensará que las columnas de la entrada

son feas? ¿sentirá la misma desesperación

por el amarillo patito con el que pintaron

la fachada del edificio?

Me gustaría hacerle esas preguntas

y averiguar qué hace cuando el frío es tan intenso

que arma un nudo marinero en el pecho,

pero no me detengo.

Todo pasa tan rápido que ya estoy sentado 

frente a la computadora

escribiendo este poema que nunca va a leer.

Elegía a Marvin Gaye

marvin gaye

 

¿Qué está pasando?
No necesitamos la guerra,
hay que encontrar la forma
de traer al mundo amor
canta Marvin Gaye
en What`s going on
Creo en lo que dice,
me siento más espiritual
levanto los brazos
cierro los ojos y bailo.
Sé que murió joven
que lo mató su padre
con dos tiros en el pecho.
Parece que Marvin no era muy tranquilo
estaba atrapado en la cocaína
y cada tanto le pegaba al padre
que se defendió con el arma
que el hijo le regaló
y así le cortó la respiración
para siempre.
Esto pasó el primero de abril
de mil nueve ochenta y cuatro
en la víspera de su cumpleaños
número cuarenta y cinco.
Hacía once días
yo había venido al mundo
tomaba la teta y era uno con ella,
No sé qué hacía mi padre
supongo que trabajaba mucho
porque mamá se quedaba en casa
La madre de Marvin se separó
de su esposo que murió en libertad
en un asilo para ancianos
porque al homicidio lo caratularon
como “justificado” o “en defensa propia”.
Mis padres también se separaron.
Hoy puedo bailar y sentir el soul,
estar espiritual en el living de mi casa.
Pero, me pregunto
¿Qué te pasó Marvin?
¿Por qué hiciste todo al revés?
¿No es el hijo el que debe matar al padre?
El mío está vivo,
no creo que quiera pegarme un tiro
o dos o tres o cuatro en el pecho
no tiene revolver, ni otras armas
Intento convivir con el impulso
de querer tomar su lugar
porque soy el hijo mayor
y se supone que debo hacerlo.
Por ahora la idea me parece extraña
prefiero cebarle unos mates
y hablar de la vida.

Macetas

 

tierra-organicajpg

 

Subo a la terraza para regar las plantas

tan lejos del celeste perfecto.

Hundo las manos en la tierra.

Los dedos húmedos, las uñas sucias,

entre yuyos y gusanos.

Tiemblo al rozar las raíces.

Los sentimientos brotan de un terreno opaco

conducidos por el tallo hasta las hojas,

que bailan al compás del viento

bajo las nubes siempre correctas.

Saben que en las macetas se esconde

una verdad más profunda

que todas las promesas encadenadas al cielo.