José

 

Hay olor a claveles en la sala de velatorio
donde está mi tío con los ojos y la boca cerrada.
Lo miro, pero no lo toco.
Es que no resisto el frío
de su cuerpo quieto.

 

Estoy convencido,
no existe el alma
aunque no puedo dejar de pensar
que ahora falta un destello
eso que lo hacía a José, José
o sea sólo cargar la muerte
en sus facciones.
Pero no hay dudas
es su cuerpo.

 

Seguimos al coche fúnebre.
¿dónde se comprarán esos autos?
Fumo un cigarrillo.
Mi hermano duerme
con la cabeza apoyada
en la ventanilla.
Escucho su respiración,
veo gotas en su frente.

 

En Chacarita el cura repite un sermón
que debe haber dicho cien veces ese mismo día,
ahora José está con la luz infinita
cuando tuve sed, él me dio de beber
cuando tuve hambre, él me dio de comer.
Agarro la mano de mi hermano
le pido que haga la promesa
que no haya ningún cura cuando muera.

 

Vamos hasta los nichos,
juro que ahí abajo
no puedo mover los pies
¿cómo despierto de este sueño?
Abrazo a papá, dejamos fresias en la puerta.
El chirrido de los tornillos retumba en la galería.

 

Me llevo en el bolsillo de la campera
una tarjeta con la imagen de Jesús
donde está el lugar, la hora, el día
y una oración que reza
muero, pero mi amor no muere.

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