Nudo marinero

storm-drain

Ahora que vuelve el frío

y los árboles grises o marrones

dejaron escapar todas sus hojas

me acompaña a cada paso

la inseparable sombra

de ser un error o un acierto

en este mundo que hace tiempo

intenté ordenar y comprender 

sin conseguirlo nunca.

Puedo pasar por la verdulería

que está a la vuelta de mi casa

sorprenderme con los colores

de los frutos de estación 

ver en cada uno una huella

de algo que me excede por completo

o hacer foco en las colillas de cigarrillos

que se estrellan como barcos abandonados

en la boca de tormenta al final de la calle.

Puedo ver esto o lo otro pero no todo junto

porque soy como la veleta en la terraza

que cambia de dirección según el viento

de esa casa con ladrillos a la vista

cubiertas por magnolias.

Llego hasta la puerta gris de mi departamento

antes que pueda poner las llaves 

mi vecino abre, lo miro a los ojos

nos damos un saludo helado y sigo.

¿pensará que las columnas de la entrada

son feas? ¿sentirá la misma desesperación

por el amarillo patito con el que pintaron

la fachada del edificio?

Me gustaría hacerle esas preguntas

y averiguar qué hace cuando el frío es tan intenso

que arma un nudo marinero en el pecho,

pero no me detengo.

Todo pasa tan rápido que ya estoy sentado 

frente a la computadora

escribiendo este poema que nunca va a leer.

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Un comentario en “Nudo marinero

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