Función

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En avenida Boedo estaba el cine
donde proyectaron Chatrán
la historia de un gato y un perro
que se pierden jugando a la escondida.
Sólo eso me acuerdo de la trama.
Todavía persiste la emoción cuando mamá
vino y dijo “vamos a ver una película”
mi hermano y yo saltábamos de alegría.
No sabíamos que en el cine
hay que estar sentado, quieto y callado.

Ahora es domingo y tomo café
sentado en El Ajenjo.
Veo que el cine se convirtió en un templo Evangelista:
se proyectan fantasías distintas.

Mamá ya no nos lleva a ver películas.

Escucho desde una radio el relato
de un gol de San Lorenzo.
Quiero pararme, saltar y gritar
compartir la alegría,
pero no puedo.
Me quedo con el café en la mano
quieto y callado
contemplando atento,
como un alumno aplicado,
las historias que pasan en el cine.

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